Fundación Whynot

-       Mamá, voy a ser voluntario en un centro psiquiátrico.

-       Mamá, voy a ser voluntario con invidentes.

Un abismo separa la reacción, no sólo de una madre protectora que cree hacer lo mejor por amor a su hijo, sino de toda una sociedad: gran desconocedora de la verdadera realidad que rodea la enfermedad mental.

“Soledad, marginación, incomprensión, vacío, tristeza, desolación, desmotivación, miedo”, describen mejor el día a día de un enfermo mental.

Sobre todo miedo. Miedo a ser descubiertos con un diagnóstico que “los demás” no entienden; miedo a no ser “normal”, miedo a que la superficialidad hiera sus profundos sentimientos, miedo a caer más bajo, más hundidos, más perdidos, miedo a no poder disfrutar nunca de esas pequeñas alegrías que tanto parecen llenar a “los demás”: esos inalcanzables e inaccesibles afortunados; miedo al rechazo, miedo a la soledad a la que parece que están condenados, miedo al vacío de una vida a medias, miedo a las burlas, miedo, miedo, miedo.

Mucho miedo.

Esas son las autenticas realidades de la gran mayoría de los enfermos mentales, su solitario día a día. El “psicópata” televisivo, ese que tanto impacto causa en nuestras conciencias autoprotectoras, es algo muy distinto al enfermo mental de un centro psiquiátrico. Éstos no son delincuentes, ni asesinos, ni perversos seres malévolos que urden retorcidos planes lesivos. En todo caso son autolesivos. Un centro psiquiátrico no es una cárcel, sino un lugar donde la gente sufre terriblemente en silencio, roto apenas por algún susurro asustadizo al oído de las únicas personas que se atreven a asomarse a su atormentado mundo interno: psiquiatras, psicólogos, auxiliares, enfermeras, y como no, valientes voluntarios.

Y son valientes no porque se adentran en un mundo hostil, no. Son valientes porque se enfrentan al miedo provocado por la desinformación. Ellos se asoman, escuchan, atienden, prestan atención y finalmente juzgan; y se quedan.

El enfermo mental no se aprecia a sí mismo, y la falta de empatía de los demás la percibe como un fracaso personal, del que se siente terriblemente culpable y responsable.

Todos somos responsables de esa falta real de comunicación, comprensión y cariño que recibe el enfermo mental, estigmatizado por los abultados errores de léxico del cine y la desinformación.

El enfermo mental es una persona con plenas capacidades mentales, muchas veces mermadas, únicamente, por la necesaria y potente medicación; y es necesaria porque su mundo interior está cargado de riquezas y sensibilidad especial, unos dones que les hacen inválidos para una vida frenética, estresante, frívola y poco espiritual. La tristeza de una depresión convierte al enfermo en alguien terriblemente agradecido ante aquel que logra arrancar en él una sonrisa o una ilusión. El que sufre de angustia siente como bendita la paz y la relajación que transmite el cariño. El que imagina demasiado encuentra en la comprensión de su interior, que se vuelca en alguna forma de arte maravilloso y único, un sanador sentimiento y de nuevo: GRATITUD.

El enfermo mental es y sigue siendo UNA PERSONA, capaz de dar lo mejor de si mismo motivado, incapaz de luchar por las cosas cotidianas por las tormentas interiores contra las que ya lucha, agotado, extenuado, exhausto, capaz de conmoverse con los sentimientos, incapaz de mantenerse frío, capaz de amar hasta el extremo, incapaz de dejar de hacerlo, generoso como un niño, inocente ante la maldad más retorcida, sincero, muy honesto, a veces poco hablador, capaz de vivir sus pasiones con auténtico corazón, al descubierto, vulnerable, sensible, incapaz de anteponer la sensatez, incapaz de protegerse, confundido, inteligente, consciente de todo lo que le sucede, le margina y le aísla, ingenuo, capaz de ilusionarse al extremo, capaz de conmoverse, de emocionarse hasta llorar como un niño, frágil, con las emociones a flor de piel, dulce, adultos con corazón de niño, viscerales, entrañables, inmaduros, inestables, fieles, esos son los enfermos mentales.

Personas cuyo trato puede enriquecer enormemente el corazón humano, deseando curarse para ser como esos intocables “normales”, avergonzados de su mundo, comparando sin cesar, deseando mejorar, dispuestos a cambiar, sencillamente sólo, NECESITAN AYUDA para hacerlo.

Y no sólo la ayuda de los profesionales.

La ayuda de la sociedad entera, individuo a individuo.

Por eso Why Not? lucha para que pueda darse ese momento en el que el enfermo mental sea por fin ayudado por sus congéneres más afortunados sin miedos, sin barreras, sin rechazos. Porque la comprensión sea posible.

Se puede soñar, y luchar por construir los sueños.

¿Por qué no? WHY NOT?

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